A veces pienso cómo la vida te lleva a momentos que marcan
tu existir para siempre. El parte aguas de mi existir fue en…Bueno, el día
exacto y la hora exacta no la sé, solo Dios la sabe, solo sé que mi vida estaba
desordenada y vacía y se hallaba en tinieblas, tenía los cinco sentidos y a la
vez no tenía ninguno: Tenía ojos más no veía, tenía oídos más no escuchaba,
tenía tacto más no sentía, tenía nariz y no olía, y lo peor de todo era que
tenía una boca pero de nada me servía. Hasta que lo conocí, como una luz en
medio de la oscuridad llegó, en una predica de cierto pastor cuando dijo en la
radio que quienes desearan aceptarlo en su corazón solo tenían que decir las
palabras siguientes: y lo dije así, “Cristo, reconozco que he pecado, reconozco
que mi vida la he vivido sin orden y sin dirección, te pido perdón y reconozco
que eres Dios hijo, mi único Salvador, quien vino a la tierra a dar la vida por
mí para que no me perdiera más tuviera vida eterna si en ti confiaba, y yo te
pido Jesucristo, te suplico… que tomes el control de mi vida y que entres en mi
corazón, que gobiernes cada parte de mi existir y que seas tú quien camine a mi
lado guiando mis pasos, mostrándome el camino a la salvación, abrazándome cada
vez que necesite el abrazo de un amigo, de un padre, de un hermano.
Súbitamente sentí como cada uno de mis sentidos sentían de
diferente forma, o más bien sentían por primera vez. Por primera vez escuché la
voz que viene del cielo, por primera vez sentí el toque divino que me llenaba y
me hacía sentir que esa era la condición en la que debía estar, por primera vez
olí la fragancia del amor entrando por mi nariz y recorriendo cada parte de mi
cuerpo, por primera vez saboreé la vida y vida en abundancia que me ofrece mi
señor, y sobre todo por primera vez abrí mis ojos y vi la luz. ¿Cómo era? No lo
sé, solo sé que esa luz ha sido la que
me ha mostrado el camino desde ese entonces, ¿ha sido difícil seguirla? Si,
porque han existido tinieblas, porque han existido distracciones y sobre todo
porque hay un enemigo que ha puesto trabas en el camino para que yo me
desviara, aun así la luz seguía y cuando yo creía que la luz desaparecería o que mi camino se
perdía, esta alumbraba con más fuerza y como una fuerza magnética me atraía
hacia ella.
Esa luz es su palabra. Expresa el Rey David, quien anduvo conforme
al corazón del Señor en el salmo 119: Lámpara es a mis pies tu palabra y
lumbrera a mi camino.
Gracias al padre por darnos su palabra que es viva y nos
habla en cada situación de nuestra vida.
Y dijo Dios: Sea
la luz; y fue la luz. Gen 1-3.

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Amén, Amén, Amén!!!!
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